Extremadura. Un vergel desconocido.

Escúchalo en TIERRA DE ESTRELLAS

Bienvenido a este primer episodio de presentación de TIERRA DE ESTRELLAS. Soy Miguel Ángel Beltrán y en este podcast quiero contarte cosas sobre Extremadura; una tierra que no deja de sorprender a quien la visita por primera vez. Un lugar que históricamente ha permanecido bastante desconocida y aislada, pese a contar con una historia y belleza incuestionables.

Podría ser que una de las razones por las que Extremadura ha sufrido un cierto y tradicional aislamiento es por su ubicación, en el suroeste de España, haciendo frontera con Portugal. Pero sobre todo, por las históricas deficiencias en las comunicaciones con el resto de España, algunas de las cuales han mejorado considerablemente en los últimos años y otras permanecen aún enquistadas, como una especie de seña de identidad. Y eso que no es precisamente un territorio que por su extensión pueda pasar desapercibido en los mapas.

Pese a sus 42.000 Km2, su demografía no se corresponde con esa extensión, ya que la población actual no llega a 1.100.000 habitantes en total. De hecho, tiene una densidad por Km2 muy inferior a la media española y es una de las más bajas de Europa. Sus habitantes están repartidos de forma bastante irregular entre sus dos provincias, Cáceres y Badajoz, las más extensas del país. No cuenta con grandes ciudades; la más grande y poblada es Badajoz, que apenas supera los 150.000 habitantes. Seguida de Cáceres, con unos 100.000.

Para entender la razón por la que una región extensa y rica en recursos naturales tenga este nivel de despoblación hay que conocer su historia reciente. El techo de población en la comunidad se alcanzó en 1960, llegando a rozar 1.400.000 habitantes gracias al fuerte crecimiento demográfico entre las décadas de los 50 y 60, pero a partir de entonces comenzó un descenso vertiginoso debido a la emigración a otros países o a regiones más prósperas en España.

La inexistencia de un tejido industrial hacía imposible el encontrar trabajo en la región más allá de obtener el escaso jornal en el campo, lo que acentuó esa tendencia migratoria. Entre 1950 y 1977 salieron de Extremadura 645.000 habitantes, es decir, el 45 % de la población existente a mediados del siglo pasado. La mayor parte de ellos tenía entre 20 y 40 años. Este enorme éxodo de miles de personas contribuyó al desarrollo en otros lugares, pero extendió por mucho más tiempo la pobreza, el subdesarrollo y en muchos aspectos, también el abandono regional.

La emigración en Extremadura durante el siglo XX es indiscutiblemente unos de los hechos más tristes de su historia. No obstante, ya en el Siglo XVI, Extremadura era uno de los principales focos de emigración a Ultramar en España. El 18% de los emigrantes registrados en el Archivo de Indias de Sevilla eran de origen extremeño.

No obstante, en las últimas décadas esa situación ha ido cambiando; a medida que las infraestructuras en Extremadura han mejorado y permitido conectarla con el exterior, la región ha ido prosperando y dándose a conocer con un destacable impulso económico y social, apoyado por su extraordinaria capacidad de producción agrícola y ganadera, un turismo en crecimiento exponencial y un tejido industrial que poco a poco va adquiriendo fortaleza y entidad.

La región avanza pese a arrastrar aún, adherida a su imagen, la injusta carga de determinados clichés que, en realidad, el origen de estos ya quedó muy atrás en el tiempo, pese a que unas veces por intereses políticos y otras por simple ignorancia externa, parezcan empeñarse en regresar de vez en cuando. La imagen de la Extremadura como una tierra de miseria, secano e incultura resulta tan anacrónica y alejada de la realidad como intolerable.

En realidad y en lo que respecta a la descripción de su geografía característica, en absoluto puede describirse esta región como un páramo yermo y reseco; esta es una tierra con un clima y vegetación sorprendentes que se muestra en enormes extensiones en las que abundan bosques de castaños, alcornoques, pinos y olivos repartidos por las sierras, cabeceras de los valles o las incomparables dehesas, todo ello como parte de las aproximadamente 226.000 hectáreas de extensión forestal, siendo por ello una de las regiones más boscosas de España, a las que hay que añadir las Vegas del Tajo y del Guadiana, donde hay comarcas de gran abundancia ganadera y de extensos cultivos.

El clima es benigno, con inviernos suaves y veranos calurosos. Las temperaturas medias anuales oscilan entre 16 y 17 ºC. En las épocas templadas y húmedas del año el verde es el color predominante. Y aunque no es una zona de grandes lluvias, el agua está muy presente en sus 52 zonas de baño, sus 21 piscinas naturales y sus impresionantes 1.500 kilómetros de costa interior, algo único en Europa occidental y que hace de Extremadura un paraíso para deportes acuáticos y actividades al aire libre. Es de hecho la primera comunidad que ha conseguido una Bandera Azul en una playa interior. Extremadura es la comunidad española con más reserva y superficie de agua en la Península Ibérica.

Hay zonas que te dejan absorto; auténticas imágenes de postal. Paisajes peculiares de una tierra afortunada en belleza. Es una de las regiones que cuenta con el sistema natural mejor conservado del continente europeo. Con extensas áreas protegidas que incluyen un parque nacional, reservas naturales, geoparques y numerosas zonas de protección para las aves, con una gran variedad ecológica a lo largo de sus sistemas montañosos en el norte, con picos de hasta 2.400 mts de altitud y las amplias depresiones y planicies existes en el sur.

Es curioso cómo ese contraste geográfico se proyecta también en el carácter del extremeño; al mismo tiempo pacífico y guerrero, apático y vitalista, introvertido y pródigo. Esa geografía está surcada por el Tajo y el Guadiana, ríos que dibujan dos zonas bien distintas: La Alta Extremadura, variopinta, con sierras y penillanuras, cultivos y dehesas interminables; y la Baja Extremadura, como un inmenso valle, manso, fértil, con pastizales, regadíos y gran riqueza agrícola y ganadera.

Pero si sus paisajes y su extraordinario tesoro natural resultan un descubrimiento inesperado para muchos que la visitan por primera vez, probablemente su patrimonio monumental, artístico e histórico puede que sorprenda aún más.

La realidad es que este pueblo ha ido acumulando importantes vestigios de cada una de las civilizaciones que se asentaron en la Península Iberica. Extremadura fue importante en las épocas romana, visigoda, musulmana y en la etapa de la España imperial. De cualquiera de ellas existen muestras de un valor indiscutible, con lugares representativos cuyos nombres son ampliamente conocidos y que son iconos de la historia del país, como Guadalupe, Trujillo, Cáceres o Mérida.

Cuenta con seis enclaves declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: el conjunto monumental de Cáceres, el  conjunto arqueológico de Mérida, el Monasterio Real de Santa María de Guadalupe, el Parque Nacional de Monfragüe, la Reserva de la Biosfera del Tajo y el Geoparque de Villuercas, Ibores y Jara, aparte del Monasterio de San Jerónimo de Yuste, 

Su fama internacional se debe a que en el emperador Carlos I lo eligió para su retiro real, donde residió hasta su muerte el 21 de septiembre de 1558.

Esta es una comunidad autónoma española que siempre sorprende al viajero, quien además de disfrutar de sus paisajes y patrimonio monumental, conocerá la hospitalidad, cordialidad y sencillez de sus gentes

Pero no todo es geografía e historia, también es extensa su gastronomía, en la que destacan productos con denominación de origen que constituyen una muestra de la gran variedad y calidad de la aportación agrícola y ganadera en la región. Entre ellos, sin duda, hay que hacer una mención especial a los jamones ibéricos de bellota; un manjar que proporciona el entorno único en el mundo de las dehesas extremeñas o quesos reconocidos internacionalmente como los de Los Ibores, La Serena o La torta del Casar. Se podría hacer un episodio completo únicamente dedicado a hablar de las delicias gastronómicas de esta tierra.

Hay muchas historias que contar sobre Extremadura, tanto sobre su entidad geográfica y cultural como sobre el carácter de su gente, el cual se ha ido configurando a partir de su pasado romano, visigodo, árabe, hebreo y cristiano, lo que conformó el músculo que la llevó a ser protagonista destacada, para bien o para mal, en la conquista de América, momento que fue determinante para exhibir al mundo su identidad, pese a que hoy parezca ser irrelevante para quienes no se han parado a conocerla.

Así pues, te invito a seguir este podcast y a escuchar los próximos episodios, que estarán dedicados a hablar en más detalle de lugares concretos y representativos de Extremadura y de historias que la define, las cuales no puedes perderte. Si te gustan estos contenidos, no olvides suscribirte a este podcast, creo que no te decepcionará.

Te espero.

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