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Estás harto de intentarlo, hastiado de esforzarte cada día, de trabajar duro, de haberte preparado todo lo posible para tener éxito en tu vida sacrificando un tiempo que ahora piensas que debiste haberlo empleado en estar con los tuyos o en disfrutar más de esa vida…

¿Y todo tu sacrificio para qué ha servido?, pues para ver que los objetivos que te habías marcado parecen alejarse cada día un poco más…

Así que…, ahora te preguntas qué es lo que has hecho mal, si tú has seguido todas las pautas que te enseñaron para lograr triunfar…

¿En qué has fallado entonces?, ¿qué parte del manual de instrucciones no llegaste a entender o no supiste aplicar si sabes bien que pusiste todo tu empeño en seguir sin fisuras la línea que debías?.

En realidad, la mayoría de las personas han visto su situación en términos muy parecidos al menos alguna vez en la vida y por ello abandonaron o estuvieron a punto de abandonar lo que sea que hayan estado buscado con ilusión y convicción, rendidos ya a la frustración y a la decepción.

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Y es normal que esto suceda, ya que el esfuerzo personal que supone perseguir con tesón cualquier sueño produce un gran desgaste físico y anímico con el tiempo, del que es difícil escapar a sus consecuencias, sobre todo en el supuesto de que las cosas no salgan bien.

Sin duda, el levantarte cada día con el ánimo renovado suena estupendamente en los libros de autoayuda, pero en la práctica las cosas a menudo no suceden de la forma que se espera. Nada de lo que hagas, incluso aquello que te salga bien, te garantizará el alcanzar lo que buscas, tan solo te acercará o te alejará de ese objetivo.

No es por desanimar, pero un error habitual es pensar que existen recetas infalibles que aplicándolas te darán un resultado determinado, como si de hacer un bizcocho se tratara. Lo sé bien porque he caído en ese error muchas veces.

No, no existen recetas infalibles para esto…, no las hay ni tan siquiera para que te salga bien un bizcocho; siempre habrán condicionantes fuera de la ecuación que influirán en cómo será el final del cuento.

Sea cual sea tu meta, avanzarás hacia ella en función de las variables que surjan y que puedas ir controlando con inteligencia mientras aplicas sobre ellas todo tu potencial; algo que, como le pasa a la mayoría, probablemente aún no habrás descubierto del todo.

Lo cierto es que hemos creado una sociedad en la que se nos empuja a ser mejores, y nos pasamos la vida intentándolo para no quedarnos atrás. Pero somos seres biológicos condicionados por las limitaciones que nuestro cuerpo y mente nos imponen. Todo tiene un límite, del que a menudo no somos conscientes hasta que llegamos a él.

Años atrás, cuando llegaban los tropiezos y para no tener la tentación de abandonar, me decía a menudo que nunca me rendiría; esa era la actitud…, la misma que tantas veces había escuchado o leído. Y en ese enfoque, seguro de mis convicciones y tozudo como pocos, estaba mi empeño por alcanzar mi sueño personal..

Así fue hasta llegué a esa línea roja en la que te das cuenta de que los sueños no se cumplen simplemente deseándolos y trabajando duro cada día;  que no todo consiste en tener voluntad y motivación; que necesitas algo más.

Al llegar a ese punto después de un largo camino, el deseo da paso al pragmatismo y es cuando comienzas a pensar que tu esfuerzo solo tiene sentido si resulta realmente de utilidad para solucionar problemas o necesidades y no para satisfacer sueños personales.

Cuidado con esto, porque si te dejas llevar en exceso, puede que empieces a perder la motivación y aparezca la sensación de que has perdido el tiempo, cuando en realidad no ha sido así. Lo que te impulsa realmente no es la solución a un problema o una necesidad, sino el propósito que te impulsa a resolverlos.

Las personas necesitamos propósitos; algo que nos impulse y nos aporte ilusión. Tener un propósito es una necesidad constante como el beber agua…; si no la bebes te deshidratas. Pues con los propósitos pasa algo similar; si no tienes uno en la vida tus ánimos se van resecando como las página de un viejo libro.

Dicho esto, si ya tenemos claro que necesitamos un propósito que nos genere ilusión, que debemos aprender a manejar variables que se convierten en obstáculos, que no podemos fiarnos del todo de las fórmulas mágicas en esto de alcanzar sueños y que el pragmatismo es bueno porque nos abre los ojos, el siguiente paso a dar es entender cual es nuestro potencial, porque vamos a necesitar saberlo.

Hablar de potencial no es hacerlo simplemente de trabajo y esfuerzo, sino también de la capacidad de un individuo para crecer, aprender, desarrollarse y alcanzar su máximo nivel, porque cada persona tiene sus propias fortalezas y debilidades que debe conocer.

Ese potencial del que hablo se basa en muchos factores diferentes, como la inteligencia, las habilidades, la personalidad, la motivación o la disposición a aprender.

Desarrollar el propio talento es vital para alcanzar metas y a crecer, el problema es que no todo el mundo sabe identificarlo o lo hacen de forma equivocada.

Todos tenemos habilidades con las que podemos destacar; un talento que en lugar de aprovecharlo, lo derrochamos en hacer cosas en las que no somos hábiles, lo que nos complica el avanzar en nuestro desarrollo todo lo rápido que quisiéramos.

Por si eso fuera poco, nos han educado bajo la idea de que las cosas que tienen mérito son aquellas en las que empleamos un mayor esfuerzo, pero se da la circunstancia de que donde se aprecia el potencial de una persona no es en las cosas que realiza con mucho esfuerzo, sino en aquellas que le resultan más fáciles de realizar que a los demás.

Por este motivo, hay personas que trabajan menos que nosotros pero son más productivas y tienen más éxito. Esta confusión, aunque parezca un poco absurda, ocurre a menudo y a mucha gente.

No podemos olvidar una cuestión fundamental: el trabajo realizado no se mide por la dificultad que ha supuesto para quien lo hace, ni por las horas que ha empleado, sino por el valor que se ha generado con ello, simplemente porque no tiene el mismo valor el hacer algo bien en una hora que el hacerla igual de bien en dos.

Por todo esto es tan importante que identifiques cual es tu potencial y que te centres en desarrollarlo continuamente a través de la formación y la experiencia, para no solo ser bueno en lo que haces, sino ser también capaz de generar más valor con ello; al menos si lo que quieres es tener éxito en la vida, porque si lo único que quieres es hacer lo que te gusta, entonces estaríamos hablando de otro objetivo distinto.

No es que esté diciendo con todo esto que no puedas llegar a alcanzar con esfuerzo un buen nivel en algo para lo que sabes que no destacas especialmente pero que te apasiona hacer…; lo que pasa es que, si te quieres dedicar profesionalmente y con éxito a esa actividad y vivir de ello, tendrás que hacer un esfuerzo enorme para compensar la diferencia con quien sí destaca en ello y no creo que esa sea la mejor estrategia para aprovechar tu talento.

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Como decía antes, el resultado no se mide por el esfuerzo realizado por alguien que trabaja intensamente, sino por el valor aportado en ese trabajo. Llegados a este punto, si de lo que se trata es de planificar tu ruta hacia un objetivo de la mejor manera posible, tendrás que elegir entre lo que te gusta hacer y lo que haces particularmente bien, y ambas cosas no siempre coinciden.

En todo caso, no es más importante la valoración que hagan los demás sobre ti que la que tú tengas de ti mismo. Solo tú sabes hasta donde puedes llegar y donde está esa línea roja de la que hablaba al principio; solo tú puedes establecer tu límite y decidir si merece la pena seguir tratando de superarlo.

En resumen y para finalizar, más allá de lo que cualquiera como yo pueda decirte en un podcast, la clave principal para conseguir algo es saber aprovechar bien tus fortalezas y gestionar con inteligencia tus debilidades; lo demás, desde mi punto de vista, son conjeturas de relleno que sobran.

Así que no tomes demasiado en serio lo que dicen los libros de autoayuda ni lo que pueda sugerir yo en este contenido. El principal factor de éxito en tu vida y lo que te acercará más a tus sueños será la combinación de un conjunto de cosas, y aunque algunas de ellas estarán fuera de tu control, afortunadamente la mayoría de ellas dependerán de ti mismo y de como las gestiones.

Aquí finaliza este episodio de La Guarida de Lycon que espero te haya resultado de interés. Si es así te propongo que le des al botón de suscripción que tienes al final de la transcripción del contenido, con ello recibirás un aviso del próximo que compartiré, en el que seguiré hablándote sobre tu desarrollo personal y profesional.

Hasta pronto.

Miguel Ángel Beltrán.

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